11 ene. 2009

El escritorio de un genio...

Una imagen en blanco y negro. Un momento para la posteridad. Para dejar la falsa creencia de que le hemos robado ese instante al fugaz hechizo del tiempo.

Un escritorio en alguna importante universidad. Un escritorio de madera del que apenas se alcanzan a ver retrasos de la misma.

Una mesa llena de papeles, carpetas, libros, cartas, un paquete sin abrir en los que se aprecia aun el delgado hilo que lo mantiene protegido.

Un escrito de filosofía en el lado derecho, una pipa vacía en el medio y más abajo una fotografía "encorvada" que deja ver un edificio a la distancia, probablemente en un parque, inmortalizando, como en esta ocasión el escritorio, una fracción del mundo para plasmarlo en un papel y guardarlo en la memoria y el recuerdo.

Hojas con letras negras escritas a maquina y encima de ellas un folio donde en la primer pagina se vislumbra ecuaciones imposibles para la mayoría de las personas e interesantes para el genio que las resuelve y las desarrolla para después explicárselas a la abuela y al mundo.

Un tarrón grande, un recipiente más pequeño quizá con tinta china, alguna que otra tesis o teoría regada por los papeles, y tres plumas casi imperceptibles para dar rienda suelta a su imaginación, su arma más eficaz.

Una silla cansada que a tenido el privilegio de mantener el peso del genio más grande del siglo XX y un pequeño ventilador casi a sus pies.

Atrás, una pizarra con su respectivo borrador y gis donde se puede ver alguna ecuación en vías de desarrollo, quizá inconclusa, quizá a punto de terminar. Y a los lados de este pequeño recuadro mágico un sin fin de más libros y papeles. Nada de diplomas, nada de pequeñas figuras decorativas, ni pedazos de madera donde esté tallado su nombre y sirva como identificador para el que vaya llegando. Él no necesita una placa con su nombre, su solo rostro, su risa y su peinado peculiar son perfectamente conocidos allá donde vaya. Uno lo nombra con solo verlo a la distancia.

Me lo imagino llegando un fría mañana cualquiera en la Universidad de Priceton, caminando por los pasillos, quitarse el abrigo y el sombrero y dejando la tasa de café aun humeante en algún espacio improvisado que hizo entre tanto papeleo importante mientras sus ojos se posan en la ecuación de las hojas y la ecuación de la pizarra y se pregunta para si mismo:

—¿En que me quede?... ¡Ah, sí!, ya lo recuerdo.


...Un día cualquiera en la vida de Albert Einstein...

Mientras, yo miro las imágenes y pienso que por medio de ellas pude viajar al pasado y sentir esa sensación rara de decir que, de haber vivido en aquella época, con gusto le hubiera hecho los mandados a este pedazo de genio.

L.K.M.L (Enero, 2008)

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La primera imagen pertenece a la galería de fotografías de la revista Life que actualmente puede ser apreciada en Google dando click AQUÍ. La segunda es de Organizedr.com.

Enlaces relacionados: "El desordenado escritorio de Albert Einstein" del blog Fogonazos.

1 comentario:

  1. A quién no le gustaría ser el mayordomo de Einstein? Sería muy interesante...

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