26 ago. 2010

Hoy no fue un día fácil...

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El calor me entristece los días de verano y me quita las ganas de dar un paso adelante y enfrentarme al mundo. Culiacán se derrite entre temperaturas elevadas y periódicos que lloran sangre y dolor. La luz del sol entra por la ventana y me regala rayos hirviendo que yo no quiero sentir, dos ventiladores que hacen mal su trabajo llenan de calor una habitación bastante iluminada como para seguir durmiendo. Afuera la anciana de enfrente riega cuidadosamente las plantas que se niegan a morir, ella sonríe y tararea una canción con aquella delicadeza que la edad le ha otorgado.

Alguien dijo por allí "Hoy será un día dificil"... y así fue. Cuando la temperatura sube y la gente se refugia en cualquier sombra que ve en la calle las horas pasan distintas y lentas, perezosas como esas orugas que se niegan a renacer. Una hilera de hormigas siguen su peregrinaje hacía su casa, entra a un agujero rebelde que se divisa en una pared descolorida, llevan comida con ellas, cargandola sobre sus pequeñas espaldas. Esclavas sin nombre y sin numero. Esclavas de la supervivencia, decía mi profesor de Biología. Maestras del buen vivir.

—Mira a las hormigas, José. Hoy lloverá.
—Estas loco.

Dos ancianos platican en la jardinera de la tienda que está en la esquina. Comparten el mismo periódico y lo desgajan para repartirse las secciones. Dos botellas de agua los mantiene vivos y les guarda la cordura que el verano les intenta arrebatar. Guardan silencio un momento mientras fijan su mirada de nuevo en las hormigas, como si miraran pasar un cortejo fúnebre, y secan con el dorso de su mano el sudor que les empapa la frente.

—Hoy lloverá, José. De mi te acuerdas... —el más anciano insiste y desvía la mirada hacia el cielo, como tratanto de encontrar nubes invisibles cargadas de agua, pero el cielo está tan despejado que hasta donde la mirada alcanza el color azul es lo que imperaba— en la noche, pero lloverá.

Su compañero le sonría y niega con la cabeza. Fue lo último que escuché de ellos, seguí mi camino al bendito infierno... o al purgatorio, que por aquí ya es lo mismo.

Las cosas no mejoraron en las horas siguentes. El termometro llegó a subir hasta los 47 grados y tenía ganas de rendirse, cansado de hacer el trabajo de siempre, de poner a la gente de mal humor con su verdad llena de temperaturas insoportables y olas de calor que llegan una tras otra, que ametrallan la ciudad como esas armas que a veces suenan, fantasmales, por la noche recordando en nuestros sueños que vivimos en un lugar donde la muerte también reina.

Creí que nada cambiaría este día, que seguiría así, jodiendo el pasar del tiempo y esa sed eterna que no se quita, pero la caja de comida china me sonreía desde la mesa y aquella carita dibujada me deseaba que tuviera un feliz día, como si la felicidad viniera en paquetes pequeños y platillos asiático. Empecé a creer que el anciano tenía razón, me convencí a mi misma de que quizá, si lo soñaba, en cuestión de minutos el cielo nos otorgaría una tregua y las nubes que escaparon rumbo al océano volverían para regalarnos un poco de la carga que traían con ellas e increíblemente eso fue lo que sucedió.

Hace un par de horas llovió y el silbido del aire se coló por cada rincón de un Culiacán cansado que ya se había refugiado en las casas de habitantes acostumbrados a días como este. Ya está fresco, ya se puede dormir bien. La temperatura a bajado y un aire frío entra por las ventanas para darnos las buenas noches. Sí, ahora estoy feliz, me siento capaz de dar un paso adelante y enfrentarme al mundo que ésta mañana temí encontrar.

No fue un día fácil, por supuesto que no, el crimen organizado mató a 72 inmigrantes por ser pobres, por soñar con un mejor futuro, por no corromperse, por tratar de mantener la poca dignidad que te queda después de renunciar a tu patria para irte a un exilio voluntario pensando que vivirás mejor. 72 inmigrantes que fueron masacrados pero el terrible error de atravesar el México acribillado.

No fue un día fácil, no. Es casi fin de mes y la mayoría de la población ya no sabe cómo terminar la semana que falta. Es fin de mes y nuestros diputados de un partido político en concreto se han regalado unas tablas electónicas de última generación de más de $10,000 cada una, para no ser unos "analfabetas funcionales". Que el resto de México lo siga siendo pero ellos no. Necesitan estar a la vanguardia tecnológica para poder sacar a 40 millones de personas de la miseria y de la pobreza. No fue un día feliz, claro que no, para muchos mexicanos no. Y quieren que nos sintamos orgullosos del Bicentenario y la Revolución, que festejemos por lo alto algo que no se me antoja a mi festejar. Ver tanto derroche de dinero en algo efímero, en una festividad que pasará de largo en unas semanas, que no servirá para sacarnos del pozo en el que estamos metidos,me da asco, con el perdón de usted, querdi@ lector.

No fue un día facil porque, mientras yo sólo tenía calor, las ciudades de Las Mil y Una Noches en el devastado Irak se teñían de esquirlas y dolor, la castigada Pakistan se llenaba de agua, en China los aviones se estrellaban y los carros se detenían y en Manila los turistas eran asesinados y yo tenía ganas de tener superpoderes, de limpiar un poquito el dolor del mundo, de viajar a Chile y rescatar en un sólo minuto a 33 mineros atrapados en las entrañas de una montaña.

No fue un día facil porque las noticias dolían y el calor golpeaba mi rosotro.

No fue facil pero por suerte ya llegó a su fin, las cosas tiene que ir bien y, además, afuera el aire corre generoso.

13 ago. 2010

La carta de Linda...


"¿Me escucharás, me buscarás, cuando me pierda
y no señale el norte la estrella polar?"*
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Hace días, mientras limpiaba mi habitación, encontré la carta de una nena de 8 años que le escribió a sus abuelos hace ya más de una decada.

Hay momentos en los que pregunto si aun queda algo de aquella niña dentro de mi. Si el destino no se ha encargado de borrar la inocencia reflejada en los paseos en "trenecitos" y la sensación de agua fresca en la piscina más poblada de la ciudad.

Es increíble ver cómo pasa el tiempo y sentir vértigo al echar la vista atrás y ver el camino recorrido. Ya lo pedía alguién por allí: "¡Que el mundo pare! Qué corto se me hace el viaje".

Encontrar esa carta fue como encontrar una capsula del tiempo. En 1996 se las mandé a mis abuelos, fue un proyecto escolar, ni siquiera recuerdo si la respondieron o no, lo que sí recuerdo es que hace ya mucho mi abuela la buscó y me la devolvió, la tenía conmigo desde entonces pero la di por perdida y aquí la tengo de nuevo.

Me resulta hasta tierno ver aquella letra y no reconocerla, ver la correcciones improvisadas de una niña que aun no sabía escribir con pluma, que poco o nada le importaban las mayusculas, que creía que las dos lineas principales que tienen las hojas de los cuadernos eran para colocar la firma del autor de la carta.

Sí, yo era esa niña que alargaba la L hasta el infinito, a la que le gustaban los Power Ranger (en especial la amarilla) y pasar el fin de semana en los juegos del centro comercial y el parque de la ciudad. Me cuesta mucho recordar aquello, pensar que un día escalé las paredes de mi casa como la exploradora más grande del mundo y mi tesoro era una mochila donde tenía las cosas más importantes para mi. La de la mirada traviesa y la sonrisa tímida, que pensaba que podía ir al sol caminando, la pequeña que aun no sabía mentir. La que detestaba su cabello y gruñía por lo bajo cuando su madre insistía en que se lo peinara. Aquella que miraba por la ventana al cielo esperando ver llegar a Peter Pan, mirando la luna buscando a Sailor Moon o explorando planetas para platicar con el Principito. Sé que esa carta es sólo un pedazo de lo que fui, un pequeño reflejo de algo mucho más grande que se escapó de mi memoria hace bastante tiempo, pero los vagos recuerdo que tengo de mi infancia aun me provocan una nostalgia indescriptible y por un momento soy feliz de viajar en el tiempo.

Yo y mi primo Carlos Alberto, cómplice de mis travesuras.
Fue quien intentó ayudarme a llegar a China.
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"Seremos otros, seremos más viejos,
y cuando por fin me observe en tu espejo,
espero al menos que me reconozca,
me recuerde al que soy ahora"