1 nov. 2010

Las hadas existen, una vive en el cementerio de mi ciudad...


Las hadas existen ¿saben?

Existe un hada en el cementerio de mi ciudad que custodia en silencio el eterno descanso de un ángel sin alas. Uno de esos niños que se mueren para no crecer jamás. Hoy es día de los angelitos, y el hada sonríe con inocencia pegada a la pared del cementerio, ¿será tan inocente como el pequeño al que custodia?

Nunca la había visto. Yo no creía en ellas, pero hoy, mientras llenaba la cubeta con agua en el pozo del panteón, la vi. Estaba a unos metros de mí y quedé hipnotizada ante su vacía y blanca mirada. Recordé a las hadas del mar, a las sirenas, y cómo hacen sucumbir a los marineros por medio de sus cantos. Aquella mítica criatura me sonreía y a pesar de las ramas que cubrían su cuerpo se veía hermosa. La ternura de su mirada solo contrastaba con la prematura muerte del ser que estaba sepultado a sus pies.

Ella posa para la cámara, me regala su mejor semblante y sigo mi camino, esquivando vírgenes, ángeles, santos, Cristos crucificados, Magdalenas que lloran en un valle de lágrimas, seres que, seguramente como yo, tampoco creen en las hadas.

Los niños muertos vendrán a jugar sobre las tumbas donde hoy descansan sus cuerpos sin alma. Volverán para recordar su breve existencia en este mundo mortal, a jugar entre risas y llantos con niños vivos mientras los adultos limpian tumbas para los muertos de mañana.

Los pequeños tomarán el cementerio y lo convertirán en un parque de juegos, brincarán entre las cruces oxidadas y comerán pan de muerto junto a los pétalos regados de la flor de Cempasuchitl. Hoy es el momento de recordar a los niños que nunca crecieron, de llevar en el recuerdo su imagen y su presencia. Hoy es el día para no olvidarlos. Para verlos jugar entre las tumbas y apagar velas en silencio, para que, cuando el ocaso llegue, podamos encaminarlos al camino de regreso, aquel a donde fueron después de morir.

Seguro que la mayoría estará en el cielo, quizá otros decidan partir a Nunca Jamás a encontrarse con aquel niño que nunca crece. A perseguir piratas y escapar de las garras de algún cocodrilo hambriento. A vivir mil aventuras antes de morir eternamente.

Hoy es día de esas personitas cuyo sueño eterno es custodiado por cientos de ángeles y un hada, así que por favor, no los traicionen, no los olviden y si pueden enciendan una vela en su memoria.

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