15 sept. 2012

En esta casa antes hubo mil silencios...


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Toca partir. Dejamos atrás el hogar donde empezamos a escribir la historia de nuestra familia. Dejamos la estructura pero nos llevamos todos los recuerdos. Así que nunca nos busques aquí porque no nos encontrarás. Todo lo que fuimos, todo lo que se forjó en estas paredes, todo aquello que soñamos con ser, se viene junto con nosotros. No dejaremos aquí ni las migajas de los peores días. 

La estructura, los pilares y los techos, cansados de tanta nostalgia y olvido piden permiso para caer y pronto buscarán pasar la factura que tanto se les ha negado. 

Aquí aprendimos a escribir las páginas de nuestra vida. Junto a esta pintura se quedará grabada, invisible y eterna, una amalgama de risas y llantos. No dejamos nada, pero aquí vivimos todo. Desde éste paraíso imperfecto supimos encontrar la cotidianidad de nuestra existencia; la rutina típica de una vida tranquila y eterna. 

Aquí di mis primeros pasos y pronuncié mis primeras palabras. Aquí jugué mis primeros juegos y me oculté de todo lo que dolía. Incluso eso me lo llevo. 

Dentro de estas paredes se vivieron navidades eternas. Fiestas sencillas pero llenas de amor y cariño. Aquí hubo regalos a borbotones y brindis familiares entrañables. Se brindó por todo y por todos. Por ti y por mí. Por todo lo que fuimos antes de esto. Entre estas paredes brotó la música que definió nuestra vida, aquí disfrutamos encuentros tiernos y llamadas telefónicas inesperadas. Hubo abrazos y gritos de júbilo. Himnos nacionales y fiestas de clausura. Ladridos de perros. Maullidos de gatos. 

Nunca nos faltó nada pero nunca tuvimos todo. 

La vida era interesante aquí adentro ¿sabes? Esquivando sapos y alacranes, ratoncitos y hormiguitas. Tapando las imperfecciones de la casa. Ocultando el paso del tiempo entre capas de pintura. Firmando pactos entre el cemento y el piso que se hunde sin reparo. 

Fuimos bastante felices aquí adentro; pero jamás fue esta casa lo que definió nuestra felicidad. Fuimos eternos, pero incluso la eternidad tiene un límite. Llegó el tiempo de partir, de llevarnos todo lo que una vez fue nuestro. Escribir en otra casa lo que en este lugar queda inconcluso. Llevar a otros lados lo que tanto predicamos. 

A quien viva en este hogar le deseo lo mejor. Que brillen arcoíris en la sala los días más calurosos del verano. Que nazcan mascotas de ladrido inocente en el patio trasero, que haya risas y juegos, y luces y pinos navideños. Que sean, aunque sea, la mitad de felices de lo que nosotros fuimos. Que no se resignen al sosiego, a la estructura frágil de su nuevo hogar. Que vivan aventuras impensables y experiencias inolvidables; aquí mismo, en esta casa, donde grabamos sobre muros invisibles los primeros años de nuestra existencia. 

Buena suerte a ellos y hasta luego. 
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Nota chiquita: texto escrito un día antes de la mudanza que por cuestiones lógicas (ya me habían quitado el Internet) no pude publicar. Pronto una crónica sobre la mudanza o algo así. :)

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