31 dic. 2012

Profecías internacionales para el 2013... ó 2014... ó 2015.


1) Diecinueve años después de la insurrección armada del 1° enero de 1994, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) regresarán un oscuro día de invierno.

2) El sol se pondrá inquieto; grandes llamaras amenazarán los satélites de la Tierra creando interferencias en la radio, la televisión, la telefonía celular… y el Internet. (No sé si eso último es posible pero qué importa).




7) Habrá un tiroteo terrible en Estados Unidos. Otra vez un joven el autor intelectual de la masacre. La Asociación del Rifle insistirá que la televisión y los videojuegos son los culpables de fomentar la violencia en las nuevas generaciones. La nación estadounidense defenderá la segunda enmienda como si fuera un mandamiento divino. Después de sus respectivos facepalm el resto del mundo se cansará de mandar tanta condolencia por el mismo motivo.  

8) La crisis financiera en el mundo seguirá. Lo de España será duro y tomará años salir del hueco en donde están; aun así seguirán manteniendo su monarquía intacta. Lo de Grecia será tan gris como lo es desde hace un par de años; a los de Amanecer Dorado sólo les brillarán sus cabezas de cabello negro teñidos de rubio oxigenado y su odio por todo aquello que no lleve su sangre se engrandecerá. Los suicidios por tanta hambre, desalojo y desahucio aumentarán. EUA no se habrá sentido tan tercermundista desde la Gran Depresión (aunque probablemente estarán exagerando). Harán una película sobre ello. Miles de inmigrantes regresarán a sus países de origen; por primera vez sentirán que están mejor ahí que allá. Islandia sonreirá satisfecha por las decisiones tomadas años atrás.

9) Habrá un terremoto grandísimo (pero uno fuerte, eh, no tonterías; superior a los 7 u 8 grados en la escala de Richter). La tierra se cimbrará y habrá cientos de muertos, probablemente miles. Daños materiales millonarios. Una alerta de tsunami será emitida para varias naciones pero eso no causará gran daño.

10) Morirá un artista reconocido internacionalmente, sus fans llorarán su perdida. Muy en el fondo era algo que ya se esperaran.

11) Justin Bieber y One Direction seguirán alegrando a jovencitas y enfadando a gente.

12) Matarán a muchos famosos en Twitter pero la mayoría volverá a revivir un par de tweets después.

13) Instagram perderá usuarios.

14) WhatsApp fallará un día… y el otro también.

15) Chabelo seguirá vivo. Roberto Gómez Bolaño probablemente no. Chuck Norris sí. Benedicto XVI también.

16) En México la mayoría seguirá detestando al presidente electo. Esa mayoría tampoco harán algo para mejorar al país.

17) #YoSoy132 continuará perdiendo el apoyo que alguna vez tuvo.

18) AMLO insistirá que hubo fraude en las elecciones. El PAN y el PRI le pedirán que dejen de enfadar. El Partido Verde seguirá defendiendo la pena de muerte y condenando el aborto.

19) Un atentado terrorista en occidente disparará las alarmas internacionales. Otra ola de desprecio hacia Medio Oriente, hacia su gente, hacia el Islam. La paranoia y el miedo de EUA aumentarán. Buscarán culpables y buscarán petróleo y barajaran la posibilidad de una guerra aun estando en crisis (porque siempre hay dinero para la guerra).

20) Kim Jong-un seguirá llorando a su padre mientras aprieta botones para lanzar misiles experimentales a países vecinos; sus ciudadanos morirán de hambre mientras él devora suculentos platillos. Los campos de concentración se llenarán de aquellos que piensan diferente. Su abuelo embalsamado seguirá siendo el presidente eterno.

21) Un devastador accidente aéreo acaparará las noticias internacionales. Todos los pasajeros del avión morirán.

22) El Chapo Guzmán continuará viviendo en total libertad.

23) Políticos insistirán al gobierno que dialogue con el EZLN porque la cosa se está poniendo tensa. El gobierno hará como que no escucha.

24) El conflicto de Palestina e Israel continuará por los siglos de los siglos santos, amén. El Mesías, harto de tanto drama, decidirá regresar en otro lugar… en otra Tierra Santa. Lejos de Jerusalén. Nadie le creerá. Todos serán condenados al infierno por eso.

25) Aparecerán vírgenes que lloran sangre. La Iglesia no reconocerá tales fenómenos.

26) Habrá un montón de atentados en Medio Oriente donde morirá una gran cantidad de gente. Los periódicos de occidente apenas le dedicaran escuetos segmentos.

27) Corea del Sur y Japón le dirá a Corea del Norte que deje de hostigarlos. Corea del Norte lanzará otro misil como respuesta.

28) Morirá un futbolista en la cancha.

29) Habrá un huracán categoría 5, devastador (como todos los huracanes de categoría 5). Millones de pérdidas materiales. Morirán personas.

30) Habrá un incendio forestal de proporciones épicas.

31) La falla de San Andrés le recordará a la humanidad que sigue existiendo.

32) Un volcán hará una fuerte erupción. Gente será desalojada de sus hogares. Ríos de lava bajarán de las montañas.

33) Un derrame de petróleo teñirá de negro un mar.

34) Un famoso periodista morirá.

35) Egipto no se contentará con el gobierno actual. La nación arderá en protestas.

36) Una famosa pareja de Hollywood se divorciará.

37) El hielo de los polos se seguirá derritiendo.

38) Un país que había sido gobernado por la misma persona durante muchos años vivirá un cambio histórico. El cambio no será fácil.

39) Una mujer será elegida para un cargo importante de la política internacional.

40) Los charlatanes fallaran en sus ‘predicciones’ más precisas… como siempre; y ni siquiera mencionarán las más importantes.

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Quizá vale la pena aclarar que yo no creo en aquellos que dicen predecir el futuro, sobre todo porque es obvio que sus predicciones son demasiado absurdas y la mayoría de ellas se adapta perfectamente a cualquier otro año, y muchas más son perfectamente previsibles, por lo que cualquier persona que digne en ver las noticias de vez en cuando sabrá captar los eventos futuros sin tener poder alguno de adivinación y chorradas como esas. Con el puro sentido común basta. Pobre de aquellos que se dejen estafar por esta gente.  

28 dic. 2012

¿Por qué Maru cruzó la carretera?

Podría dar una cátedra sobre por qué Maru decidió un día cruzar la carretera, dejarme con el santoral en la boca, caminar como si el mundo no le importara, tomar posición suicida y divertirse en el proceso. Podría hacerlo, pero es un gato y probablemente cualquier cosa que diga estará equivocada, porque si hay dos seres que jamás en la vida se entenderán serán el hombre y el gato. Linda y Maru

Mi gato no sabe cruzar carreteras, ni calles ni nada. Y si lo sabe poco le importa llevarlo a la práctica. Como todo buen felino domesticado, soberbio y con aires de divo cuya arrogancia se le resbala por la mirada, Maru creé que el mundo gira a su alrededor. No puede ser de otra manera, ¿cómo podría ser de otra manera? El mundo con sus autos, el mundo con sus motos, el mundo con sus humanos, con sus perros y sus otros gatos deben rendir alabanzas hacia él. No aceptan que el chiste sea contado de otra manera, ¿de qué serviría eso? 

La última vez que Maru decidió cruzar la calle fue el pasado 25 de diciembre en la mañana. No hay mejor momento para hacerlo que un día inhábil, festivo, con más gente con resaca y comercios cerrados por kilometro cuadrado que cualquier otra festividad del año. Y claro, en la mañanita para hacerla de emoción. Mi gato viviendo al límite, como siempre. 

A Maru lo atropellaron. No sólo le atropellaron el cuerpo, también la dignidad y el orgullo… y la patitas de atrás. Aun así llegó caminando a casa. La adrenalina del revolcón y lo altanero de su especie le dieron fuerzas para entrar y mirarnos con unos ojitos que expresaban con temor el haber visto la muerte muy de cerquitas. Tan cerquita que llegó ausente, sin llorar; como la mirada de un niño cuando ha sido testigo de algo grotesco por primera vez. No hay nada peor que vivir una mala experiencia por primera vez en la vida. Es algo que se te queda en el subconsciente y que regresa de vez en cuando para atormentarte las noches más tristes sólo para joderte los sueños. Presiento que yo también tuve aquella misma mirada cuando a los 8 años vi cómo mataban un cerdito a machetazos en el patio de mi abuela mientras éste lloraba de dolor. Un destello de terror e incomprensión. 

Ésta Navidad del 2012 eso fue lo que me amaneció, mi gato atropellado y todas las veterinarias cerradas, empezando por el veterinario de Maru, quien no se encontraba. Si hay una cosa que no soporto es ver a un animalito sufriendo y sabía que a mi gatito le dolía todo su magullado cuerpecito. Mi hermano y yo recorrimos las veterinarias que conocíamos y finalmente decidimos ir a una que muchos conocidos de buena fe nos recomendaron una y otra vez meses atrás porque “cobran barato y atienden bien”, y además de eso tenían un número de emergencia que, me imagino ¡es para emergencias! ¿no? “Queda por la calle Occidental”, nos decían. 

Emergencia. (Del lat. emergens, -entis, emergente). 3. f. Situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata. 

La susodicha veterinaria estaba cerrada pero su número de emergencia estaba escrito inmensamente en la parte superior de la casa/consultorio. Regresamos a casa, marcamos y nada. Volvimos a marcar y nada. Lo intentamos de nuevo y nada. Porque claro, no existen las emergencias el 25 de diciembre. Moléstame cualquier día del año menos este, pensarán. Tampoco el 1° de enero, porque es sagrado, dirán también. Todo eso es perdonable, lo sé. ¿Quién no podría estar ocupado ese mismo día haciendo otra cosa además de ejercer su profesión? Al fin y al cabo somos humanos y deseamos salir de la rutina. 

Recorrimos las veterinarias por la tarde y la cosa no cambió mucho, pero esa que estaba por la Occidental tenía la ventana abierta y un tipo que estaba afuera nos dijo muy quitado de la pena “Pasen, está abierto y hay gente adentro” y eso hicimos. Bien pudimos saquear toda la mercancía para mascotas y los dueños jamás se hubieran dado cuenta porque abrimos la puerta, entramos y nadie salió a recibirnos. A lo lejos se escuchaban niños, un perro y varios adultos platicar. Allá a la larga salió un joven pregúntanos qué se nos ofrecía. Le preguntamos que si estaban consultando y nos dijo que no. Le dijimos que teníamos un gatito atropellado y que tenía mucho dolor y no sabíamos qué darle para que no le doliera tanto. Y ya. No nos preguntó cómo estaba, qué tan grave era la herida, dónde lo había golpeado el auto, qué parte le dolía. NADA. Sólo nos preguntó cuánto pesaba. Le dijimos que probablemente más de cinco kilos. Se fue a un lugar oculto del consultorio para darle “algo para el dolor” y diez minutos después llegó con la posición mágica cual curandero de pueblo… dos jeringas con desparasitante. ¡DOS JERGINAS CON DESPARASITANTE! ¡LE PEDÍ ALGO PARA EL DOLOR DE MI GATITO ATROPELLADO Y ME DIO DOS JERGINAS CON DESPARASITANTE! Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE DECIRME “Me lo traen mañana, a partir de las ocho de la mañana ya está abierto” ¿EN SERIO TU VIDA, HIJO? Uno como quiera pero ¿y el gato? Pudo decírmelo de otra manera ¿saben? De una forma más directa y más burda “No me apetece atenderlo, es mi día de descanso. Hasta apagué el celular porque hoy no quiero atender emergencias. Probablemente va a morir, así que para que dejen de enfadar les voy a dar esta madre que no sirve para calmar el dolor pero me vale porque ustedes nunca se van a enterar; por lo menos morirá desparasitado. Si el animal sobrevive me lo traen mañana tempranito porque ocupo el dinero, obviamente. Ahí que el gato se aguante el dolor por quince horas más. Qué más da, yo no soy el que lo verá sufrir todo ese tiempo”. ALKSJSKLADJKLSAJK. Miren que un veterinario que le da a un gato desparasitante para “calmarle el dolor” nada más para que los dueños dejen de molestar, no merece ser llamado veterinario ni merece ser llamado nada. Y sólo por eso no puedo recomendárselo a nadie, jamás. Ni a mi peor enemigo, ¿vale? Perdón por tanto drama pero es que cosas así me enervan la sangre. >___<

Obviamente al día siguiente llevamos a Maru con su veterinario, el de toda la vida. Al que hemos consultado los últimos 12 años con todas nuestras mascotas. El que ha contestado cinco llamadas de emergencia; tres de ellas en la madrugada; una de ellas un día inhábil. Que ha venido hasta nuestra casa para consultar a Umi y que siempre nos ha hablado con la verdad por muy dura que esta sea “Tyke se envenenó, no se podría haber hecho nada más para salvarlo”, “Misty está muy grave pero se pondrá bien. Tardará un par de semana pero por supuesto que se recuperará”. “Kenny va a morir, quince minutos cuando mucho. El líquido que ingirió es mortal” “Umi tiene una intoxicación leve pero con esto será suficiente”, “No hay medicina para Misty pero la mandaremos traer de otra ciudad” “Maru se lastimó los deditos (hace meses), aquí hay dos inyecciones para el dolor porque le duele mucho, y aquí hay pastillas para los siguientes cinco días. Con eso bastará”. Por ese servicio, esa hospitalidad (¡y esa higiene!) pagaría gustosa hasta el triple de lo que pago en otro lugar por el simple hecho de saber que lo que me ofrecen es bueno Y ES VERDAD y no me daran desparasitante para calmarle el dolor a mi gatito porque sé que no va a tratarme como un estorbo sólo para dejar al animal en un segundo plano aunque este último esté sufriendo, eh. ¡SÍ, ESTOY ENCHILADA! >__< 

Ya, mejor me calmo. Maru se está recuperando bien. Muy bien. Su veterinario le aplicó dos inyecciones para el dolor y para desinflamar, además de pastillas para los próximos días. Por suerte no tiene fractura y apenas ayer ha empezado a caminar. Está algo deshidratado pero le estamos dando suero (único consejo respetable que nos dio el otro tipo) y su humor ha mejorado bastante. Ya puede usar su cajita de arena aunque aun necesita ayuda para entrar en ella porque amabas patitas traseras están lastimadas. Come bien aunque no le apetece tomar agua todavía así que le damos suero cada hora. Esperemos que vaya mejorando día a día pero el condenado ya sueña con brincar bardas, cazar animales, visitar a sus amigos y cruzar carreteras peligrosas otra vez. 

Los gatos siempre serán gatos ¿verdad?. :)

3 dic. 2012

Este desvarío es por culpa de la Navidad...

En los jardines del seminario de Mazatlán. (Diciembre 2011).
Minimizar ventana. Inicio. Todos los Programas. Microsoft Office 2010. Microsoft Word. Acomodar los márgenes. Fuente Verdana #10. Y a escribir. 

He decidido hacer un paréntesis a mi trabajo vespertino de escritora empedernida de fanfiction para actualizar mi blog; y como justificación he puesto el árbol de navidad. 

Le he prometido a mi papá que éste fin de semana, cuando regrese a casa, ya habrá un pinito luminoso para recibirlo. No quiero mentirle; es mi padre y se merece un pinito. Eso sí, me da una pereza titánica ponerlo. Quizá con 24 años ya me estoy haciendo vieja o quizá sea al hecho de que ahora mi día comienza a las 4 ó 5 de la tarde porque antes de eso duermo y trabajo, y el tiempo se va aun suspiro muy tonto y monótono. Qué se yo. Lo que sí sé es que ya es 3 de diciembre y en esta casa no hay ni un leve rastro de la navidad y eso, hasta cierto punto, me deprime. Eso y el clima. (A quién le gusten los otoños de 35°c puede ir a pararse al paredón y esperar su inminente fusilamiento. Prometo que la agonía no será muy larga; no hay fila).

Durante muchos años el pino artificial de nuestra casa se erguía mientras el zócalo de la Ciudad de México se inundaba de soldados que desfilaban al compás de himnos bélicos y los habitantes de mi Escuinapa se arremolinaban en las calles principales para ver desfilar a niños de caras largas que apenas entendían lo que era el patriotismo. Era mi particular forma de ir contra corriente. Un 20 de Noviembre navideño. Entre Villa, Zapata, Díaz, Madero, Santa Claus y Rodolfo el reno. Entre Diana Antigua y Adeste Fideles. 

Algo ha cambiado desde aquellos tiempos. Dejé de poner decoraciones en las mañanas y pasé a hacerlo en la tarde/noche. Cuando la casa estuviera más sola. 

Desde hace tres años aquello cambió otra vez. La decoración del árbol giraba en torno a la fecha de lanzamiento de la canción navideña que The Killers sacaba cada año (y lo sigue haciendo). Fue una tradición particular nacida de la más absoluta espontaneidad. Así, en diciembre del 2009 decoré el altar que mi mamá le tenía a la virgencita en la entrada de nuestra antigua casa con los acordes de “Happy Birthday Guadalupe” y fue divertido. 

Aquello se convirtió en una rutina encantadora. También coincidía que mi mamá estaba fuera de la ciudad en esas fechas y aprovechaba para poner todos los adornos desde las 10 de la noche a las 5 de la mañana. Era un horario absurdo y amanecía en un estado tan soporífero que en una ocasión mi hermano tuvo la obscenidad y el atrevimiento de decirme que era lo más cercano a un zombi que había visto jamás. Un zombi navideño y feliz. 

Para sobrevivir a aquel ridículo reto solía drogarme con dulces y café hasta que amanecía y creaba tres listas musicales en mi teléfono celular para que sonaran de manera aleatoria. Todos eran temas navideños y de diversos artistas e idiomas. Así pasaba de The Killers a Mijares y de Daniela Romo a Andrea Bocelli. Y créanme que funcionaba. Eso que cuando el sol amenazaba con salir yo ya estaba más dormida que despierta y me imaginaba a todos esos artistas subidos en un escenario cantando “Susanita tiene un ratón”

Lo cierto era que tenía una canción para cada acción que realizaba y al final terminaba por dejar fija la lista de canciones navideñas de The Killers y rayarlas hasta que la batería del celular agonizaba. A la hora de poner el Nacimiento siempre recurría a “Joseph, better you than me” (José, mejor tú que yo) para amenizar el momento. La figura de José, el padre del hijo de Dios, siendo reivindicada en una canción (“tú eres un hacedor, un creador; no sólo el padre de alguien”). Es la nostalgia más pura hecha canción y admito que cuando brota aquello de “Y el desierto es un infierno para hallar el paraíso. Cuarenta años perdidos en la jungla buscando a Dios. Y tú escalas hasta la cima de la montaña mirando hacia la ciudad donde naciste. En los años que te fuiste te di tiempo de sentarte y reflexionar…” aun se me eriza la piel. 

Aun recuerdo a mi hermano asomándose de la habitación mientras yo limpiaba las esferas y los adornos, y de las bocinas brotaba la voz del vocalista suplicándole a Santa Claus que no le disparara. Porque entre “Joseph, better you than me” y “Don’t shoot me, Santa” hay un universo entero de distancia y uno pensaría que los dos temas no podrían ser de la misma banda. 

Aun tengo ese disco de The Killers con todos sus temas navideños. Cada año lo renuevo con el nuevo tema en cuestión. En el 2011 incluí "The Cowboy's Christmas Ball" y de pilón agregué la canción “Magdalena” de Brandon Flowers, el vocalista de la banda. “Magdalena” no es un tema navideño, pero le tengo un cariño especial y por una extraña razón a mi me huele a navidad. La canción en realidad habla de la peregrinación religiosa que realizan los habitantes de Nogales hasta Magdalena de Kino en el estado de Sonora para venerar a San Francisco Javier. Su festividad es hoy, precisamente, el 3 de diciembre. “De Nogales a Magdalena hay 60 millas de camino sagrado y una promesa hecha a los que se aventuran, San Francisco levantará tu carga” dice la canción. Lo hermoso de este tema es el hecho de que sea un mormón practicante quien lo cante. Un mormón que varias veces ha expresado su admiración por México y su genuina devoción por los santos a los que venera con tanto fervor. “En la tierra del viejo Sonora, hay un río poco profundo que llora. El verano la dejó sin su perdón y se refleja en los ojos de sus hijos. Hijos pródigos e hijas rebeldes llevan mandas que podrían liberarlos de las profundidades de las tinieblas y renacer de nuevo a la luz de las velas…” y para rematar añade “Y si caigo en la tentación cuando regrese por aquellos caminos malditos, de Nogales a Magdalena, como un doble mendigo, iré a dónde sé que puedo ser perdonando: al corazón roto de México… al corazón roto de México”

Dejemos a The Killers a un lado (tengo una cita con ellos el próximo abril así que hay una obsesión en mi que no puedo evitar, lo siento). Éste año ya han estrenado su tema navideño y yo sigo aquí, tecleando, rompiendo tradiciones de tres años mientras trato de pensar dónde dejé el pino artificial cuando nos mudamos. Creo que está debajo de la cama. Creo, aquí, es la palabra clave. Buscar debajo de la cama podría ser peligroso. ¿Para qué quieres un ático o un sótano cuando tienes un ‘debajo de la cama’? Su capacidad de almacenamiento es infinita. Todo cabe ahí. Es como un agujero negro o el bolso de una mujer. Y las tres cosas tienen también el mismo problema. Una vez que algo entra es muy difícil descubrir cómo lograr traerlo a nuestro mundo. 

Mi tarea de esta semana será precisamente esa: rescatar el arbolito del ‘debajo de la cama’. Lo demás será sencillo. Sé dónde están las esferas, los foquitos y los adornos navideños. Sé que lloraré como quinceañera con desequilibro hormonal cuando pruebe las lucecitas que compré el año pasado y funcionen sólo 150 de las 300 que son, después de haber pasado 15 horas tratando de desheredarlas. Maldeciré por lo bajo el tener que ir hasta el centro para comprar otra extensión de luces que dejará de funcionar doce meses después. Pero eso es lo que hace la navidad ¿no? El consumismo llega desde la hora de poner el pino. 

Diciembre es el mes de Jesús de Nazaret, de Umi y de Maru; estos dos últimos de Escuinapa. Es cumpleaños tras cumpleaños. Mi santísima trinidad de diciembre. Umi quiere huesos de carnaza, me lo ha dicho esta mañana. Maru quiere jamón de pavo. Jesús quiere oro, incienso y mirra. A los dos primeros les dije que les compraría lo que pudiera, al tercero le dije que se esperara a la cuesta de enero. Un trío de reyes vendría de Oriente a traerle esas cosas tan específicas. 

Umi nació un 17 de diciembre del 2002. Era una bolita negra que se confundía entre tanto cartón café. Junto a ella nació Kenny, su hermanito. Umi tiene ya nueve navidades a sus espaldas. Ésta será la décima. Ella es la que me anima en la titánica tarea de armar el árbol. Le fascina observar. Kenny era diferente. Él se acercaba al pino y empezaba a comer sus ramas artificiales. Según él se estaba purgando. Y funcionaba, eh. Al día siguiente tenía una diarrea monumental donde abundaban las tiras verdes del pino. 

Maru nació el 23 de diciembre del 2011 en medio de los preparativos para la cena de Noche Buena en la casa de una familia que se toma muy en serio todas las fiestas del año. Festejan el puente Guadalupe-Reyes por todo lo alto, con todo y sus posadas. Maru y sus hermanitos nacieron ahí, en un pesebre de cartón, custodiado por otros gatos y un par de chihuahuas que miraban la escena desde su casita de madera. Entre villancicos y música de banda. Entre globos que reventaban y serpentinas de colores. Entre cartones de cerveza y Coca-Cola. Le guardo mucho cariño a esa casa. De pequeña me perdía por aquel inmenso patio que jamás logré explorarlo todo porque siempre tuve miedo que sus fauces me comieran. Aunque Maru nació en víspera de Navidad jamás en su vida ha visto un arbolito. Cuando llegó a nuestra casa éste ya había sido guardado y de él no quedó ni la sombra. Tengo bastante curiosidad por ver su reacción cuando le enseñe las esferas, cuando vea el pino por primera vez y encienda las lucecitas frente a sus ojos. Sé que le gustará. Mi gato ama las luces que van y vienen. De hecho tiene la fortuna de que la casa de enfrente la asalten cada tres días porque cuando llegan los policías con sus torretas prendidas corre emocionado a su encuentro. Y cuando Maru se emociona corre de lado. Resulta bastante gracioso de ver pero también bastante bizarro. Me gustaría ver su expresión una vez que el pino esté montado y encendido. Ya me vi intentando ponerle restricciones a sus acciones: “Mira enano, éste es un pino de Navidad. No es el árbol de enseguida. No es un árbol de mango y sus ramas no se comen. No intentes escalarlo porque se te caerá encima, quedarás empalado, provocarás un corto circuito y la casa arderá en llamas junto con Troya, Pompeya, Narnia y Mordor, ¿vale? Tampoco es una Torre de Babel como para que intentes llegar a la cima. No necesito otro idioma para no entenderte, con tu lenguaje gatuno es suficiente” y sé que él me mirará con sus ojos dorados, quizá bostezará, observará el pinito un momento y después le pegará una patada a la primera esfera roja que tenga cerca. Así son todos los gatos del mundo mundial ¿no? 

Otro problema (y quizá el más grave): ésta casa parece una oda al polvo. Todo se ensucia. Todos los días. Pondré el árbol y sé que a los dos días estará tan sucio como para echarse a llorar. ¿Cómo limpias un pino una vez que ya tiene todos los adornos? ¿Lo dejo así? ¿Sucio? Pablo Neruda se preguntaba “¿Hay algo más triste en el mundo que un tren inmóvil bajo la lluvia?” y yo le respondería ¿Acaso hay algo más triste en el mundo que un sucio árbol de navidad en Noche Buena? Algo de la Navidad muere cuando un árbol se ensucia. La esperanza también se mengua por culpa del polvo asesino. Ya veré yo qué me invento para evitar la tierra. 

Difícil será también poner el Nacimiento. ¿Cómo le digo yo al asno y al buey que el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica ha dicho que ellos no estuvieron en el nacimiento de Jesús? ¿Cómo se los digo sin que se me caiga la cara de la vergüenza? Igual, yo los pondré. Pero eso no impedirá que queden anulados la mitad de todos los villancicos. Qué vergüenza. Aunque ya todos sabemos que los villancicos no son cantos de los ángeles, y algunos, inclusos, suenan bizarros y hasta fomentan algún vicio: “Dame la bota, María, que me voy a emborrachar” se escucha en La Marimorena. “Si quieres también te paso los cigarros, eh” le diría María con gesto indignado. 

En fin, que estos son mis dilemas. Esta semana me haré a la tarea de poner el arbolito mientras tomo un café o un chocolate abuelita, como galletas Maravillas y pongo mis discos de villancicos junto a Umi observando todo y Maru tirando las esferas que voy colocando. Mientras tanto continuaré con mi fanfiction que habla de detectives consultores y niños decapitados vestidos de ángeles. (WTF).