17 ene. 2013

Pedro, el gallo.

Hay un gallo viviendo en la casa deshabitada que tenemos en seguida desde hace varios días. De dónde llegó y por qué está ahí, no lo sabemos; un día apareció él y una gallina. Eran la pareja más perfecta del mundo y no lo sabían. A la gallina la atraparon hace tres días y la metieron a un comercio de chicharrones que está en la esquina y jamás volvimos a saber de ella... Qué en paz descanse la novia de Pedro.

Pedro le canta todo el tiempo a su gallina desaparecida; es la nueva versión del gato viudo. El gato viudo remasterizado y emplumado. Canta a las doce del día y a las tres de la madrugada, de noche y de día, por su Julieta desaparecida. Se le escucha el dolor en el canto, quizá sólo sea el frío, pero me gusta pensar que es dolor; congoja por su compañera muerta. A veces me levanto en la madrugada y escucho en su canto todos los lamentos del mundo. Ni las trompetas del Juicio Final erizarán tanto la piel.    

A Maru no le agrada todo esto, no lo dice pero su mirada lo delata. La primera vez que lo escuchó agrandó sus ojitos con temor. Para mi gato, Pedro es un animal mitológico perdido en el olimpo de los dioses griegos que un día decidió descender al planeta Tierra y quedarse a vivir un tiempo en la casa deshabitada de enseguida. El canto de Pedro es una declaración de guerra para Maru; mueve sus orejitas cuando lo escucha y muy en el fondo reniega porque es incapaz de verlo y mucho menos de atacarlo. Es como un dragón o un unicornio, no se deja ver, por eso no hay fotografías de él. Es un fantasma. Pero existe y Maru lo sabe y sueña con cazarlo pero le teme, su canto lo asusta y se despierta también en la madrugada, como yo, aunque ya nos estamos acostumbrando a su presencia, quizá pronto nos hagamos a la idea de que Pedro vivirá hasta el fin de los tiempos ahí, en la Narnia de Maru, en su tierra prometida, en el lugar donde las plantas crecen.

El nombre de Pedro se lo he puesto yo, así sin más, fue lo primero que se me ocurrió cuando lo vi en lo más alto de aquel árbol. "Tiene cara de Pedro" pensé. Sobre él, se edificaron todos los templos y se levantaron los escombros. Es un gallo sobreviviente de holocaustos imaginarios. Es un Adán cuya Eva desapareció lejos del Jardín del Edén, en el puesto de chicharrones de la esquina (el lugar menos glamoroso para desaparecer a una gallina) y sobrevive como puede en medio de una tierra encantada, un jardín inhóspito y cruel donde se reúnen gatos mafiosos por las noches para planear su última travesura felina. Es mi nueva mascota y ya le agarré cariño, cuando consigan llevárselo lloraré y lo extrañaré por las madrugadas y contaré sus hazañas a los niños no nacidos. Es mi mascota, aunque Umi pase de todo esto y Maru me mire feo.

Pedro existe, en serio. Un día le tomaré una foto y se las mostraré. No faltará quien piense que es Photoshop.

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